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La mujer automática que tenía un corazón simple

abril 10, 2018

El 15 de julio de 1876 Flaubert viajó a Ruán desde su casa de campo en Croisset con el extraño cometido de ver loros disecados en el Museo de Historia Natural de la capital normanda y pedir permiso para llevarse uno. Algunos días después, en una carta a su amiga Edma Roger des Genettes, le dijo que empezaba a cansarle la presencia del animal sobre su mesa. No obstante, lo conservaba “para llenarme el alma de loro”. Por aquellas fechas estaba terminando de escribir el cuento Un corazón simple (“Un coeur simple”).

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¿Por qué a Flaubert le repugnaba la historia que contó en “Madame Bovary”?

marzo 20, 2018

Flaubert escribió Madame Bovary con la imaginación de un artista y la minuciosidad de un artesano, “como un coloso paciente y minucioso que construyera una pirámide con canicas” (Maupassant). En la novela los motivos principales están calculadamente ensamblados, de manera que cada uno guarda alguna correspondencia con cualquiera de ellos, obedeciendo al sentido general de la historia.

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Las aventuras insignificantes del “insignificante” Monsieur Bovary

marzo 6, 2018

El lector de Madame Bovary se preguntará por qué Flaubert empezó la novela con el episodio de la llegada del colegial Charles Bovary al internado escolar de Ruán, procedente de su pueblo, y a continuación se nos cuenta la historia de su vida hasta que conoció a Emma Bovary y se casó con ella. ¿No podría haber comenzado por la boda y ahorrarnos la insulsa infancia y juventud de Charles, los detalles penosos sobre sus padres y su primer matrimonio con la difunta Héloïse Dubuc?

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Una gorra, una tarta nupcial y un ataúd

febrero 20, 2018

La lectura y, sobre todo, la relectura de novelas, hace que olvidemos la primera vez que las leímos, cuando ignorábamos la historia que narran y no teníamos referencia alguna de sus personajes. Esa primera vez significó para nosotros un viaje hacia un mundo ignoto, en el que nos topábamos con personajes de los que no sabíamos nada y que el narrador nos iba presentando no siempre con el orden y el concierto que esperábamos.

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La fascinación de Kafka por la historia del pobre músico vienés

febrero 6, 2018

Un año después de que se conocieran en Praga, en agosto de 1912, la relación entre Franz Kafka y Felice Bauer permanecía encallada no sólo por la distancia geográfica que los separaba -ella residía en Berlín y él en Praga, cada uno con sus familias y atados a sus respectivos trabajos-, sino por la forma dispar con que vislumbraban su futuro en común. Kafka no había logrado convencerla de que la escritura y la soledad eran para él una cuestión de supervivencia y ella no estaba dispuesta a renunciar a un matrimonio convencional.

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Viajando en la fragata de Emily Dickinson

enero 23, 2018

En una de las setenta y siete cartas que Emily Dickinson escribió a sus primas Louise (Loo) y Frances (Fanny) Norcross, a las que consideraba como si fuesen sus hermanas pequeñas -se quedaron huérfanas siendo niñas-, incluyó un poema en el que compara el libro con una fragata “para llevarnos a lejanas tierras”. “¡Qué frugal es el carro/ Que lleva al alma humana!”, son los dos versos que clausuran el poema. Esto lo decía la mujer que durante sus  cincuenta y cinco años de vida apenas se movió de su casa de Amherst, en Massachusetts, y que en otra carta a las queridas “primitas” confesaba haber perdido “la costumbre de las carreteras”.

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El relato de Chéjov que horrorizó a Lenin cuando todavía no era Lenin

enero 9, 2018

En 1893 el joven Vladímir Ilich Uliánov, que años más tarde sería mundialmente conocido con el pseudónimo de Lenin, se encontraba en una pequeña finca que el novio de su hermana mayor Ana, abogado de profesión, había comprado, a instancias de la madre de ambos, María Aleksandróvna Blank, en Samara, al suroeste de Rusia y próxima a Simbirsk, la ciudad de los Uliánov. Una noche del último invierno que pasó allí, leyó la narración larga de Antón Chéjov El pabellón número 6, publicada en 1892. Según cuenta Edmund Wilson en su ensayo Hacia la estación de Finlandia, al terminar la lectura fue presa de un horror tal que no pudo permanecer en la habitación. Salió en busca  de alguien con quien hablar. Pero era tan tarde que todo el mundo se había acostado. Al día siguiente le comentó a su hermana que había experimentado la completa sensación “de estar yo mismo encerrado en la sala número 6”.

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