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El cazador entre el centeno

febrero 5, 2013

En estos tiempos de diversión al por mayor, tampoco los libros se escapan de la corriente. Ya no el libro, sino la misma lectura ha devenido en una oferta más de la industria del entretenimiento. Como leer tiene que divertir, los grupos editoriales han hecho de la novela su género favorito, o sea, el más vendible.

Se distrae al lector estableciendo las condiciones necesarias para que su compromiso con la novela dure el tiempo justo que dedique a leerla, o sea, a entretenerlo. Por ello, el libro-producto está concebido para que se lo consuma en un tiempo razonablemente breve, de modo que el lector-consumidor compre otro en cuanto termine de leerlo. Entretanto, el escritor-productor habrá entregado a la editorial-empresa su próxima novela en el plazo que estipuló con ésta en el contrato firmado.

Feria

Cuando la novela en cuestión se publica, en realidad “sale al mercado”, por lo que el autor tendrá que presentarla ante la prensa o en un acto social organizado por la editorial y someterse pacientemente, y sin perder la sonrisa, por supuesto, a una rueda de entrevistas con los periodistas, entre canapé y canapé.

Aquí entra en juego un elemento novedoso, y por lo general poco novelesco, que no se aprecia en el proceso de producción y venta de otros productos, cuyos autores permanecen en un discreto anonimato: el novelista debe ser una continuidad del producto-novela. Así es como su marca-nombre se convierte en un factor tanto o más influyente en las preferencias del lector que la “fama” adquirida por sus novelas.

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Un autor-nombre que se prodiga mucho en los medios, principalmente en la televisión, tendrá más asegurada la venta masiva que uno que se prodigue poco, y probablemente se sentirá menos presionado por la editorial para publicar la próxima novela en un plazo corto. A nada temen tanto las editoriales, y se supone que los autores, como a un silencio prolongado y que, como consecuencia de su desaparición de la escena pública, los lectores se olviden de ellos.

Jaime Salinas, editor de la vieja escuela, confesaba que en sus conversaciones privadas los escritores de antaño solían hablar “de tonterías o de política, de mujeres, de hombres o de literatura”.

Jaime Salinas y a la izquierda, con los escritores Juan García Hortelano y Mario Benedetti

Jaime Salinas y a la izquierda, con los escritores Juan García Hortelano y Mario Benedetti

¿De qué hablan los de ahora? Pues, según reconoció el propio Salinas en una ocasión, de

“sus ordenadores, de sus tiradas, de cuántos ejemplares ha vendido de su libro, de si está o no en la lista de los más vendidos, de si ha sido traducido y a cuántas lenguas”.

O sea, la misma conversación que tienen con sus editores-empresarios y la que éstos mantienen entre ellos.  Salinas pensaba que la prioridad de lo comercial sobre lo cultural, principalmente en la edición literaria, está ocasionando “unas consecuencias absolutamente catastróficas”.

A la pregunta de cuál era su opinión sobre los estudiantes de literatura, el veterano editor y escritor norteamericano Gordon Lish ha declarado en una entrevista que, como no quieren ser amateurs, “contratan publicistas”, se supone que para “vender” sus todavía tiernos nombres de novelistas en ciernes, lo que en tiempos no tan lejanos se entendía por “darse a conocer”.

Gordon Lish

Gordon Lish

Evocando el título de la famosa novela de su admirado J. D. Salinger -el escritor de cuya dilatada desaparición se forjó una leyenda que amenaza con hacer sombra a su obra-, Lish dice sentirse como “el cazador entre el centeno que impedirá que esos chicos se conviertan en un producto”. Sólo cabe desearle suerte en su empeño y que salga ileso de la cacería.

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8 comentarios leave one →
  1. Guido FInzi permalink
    febrero 5, 2013 10:42 am

    Leer para entretenerse es patrimonio de la gente que lee poco, y mal. Los demás, los que escapamos de los fast-books, leemos para adquirir una experiencia más intensa de la vida y, de paso, más cultura, aunque esto no pasa de ser un efecto secundario de la primera intención.

    Un saludo

    PD: Nunca me volvió loco “El guardián entre el centeno”, ni pude acabar “Rayuela”

    • pausterr permalink
      febrero 5, 2013 11:55 am

      Totalmente de acuerdo con el autor de la última opinión.
      En mi blog he hecho un artículo sobre esto último. Considerando que hay dos tipos de lectores, los comerciales y los de la “otra” literatura.
      No creo que una sea mejor que otra, creo que cada una es diferente según el fin que persigan sus autores.

    • febrero 5, 2013 8:56 pm

      Estoy de acuerdo con lo que dices, Guido. Yo también considero la lectura una continuación de la propia vida, no algo lejano, como un pasatiempo (o más bien matatiempo).
      Por lo demás, quizá nunca antes como ahora haya habido tantas formas de entretenerse distintas de la lectura, y sospecho que preferibles a la cantidad de noveluchas que circulan por el “mercado”.
      Un saludo y ¡gracias por la lectura y el comentario!

      • febrero 5, 2013 9:54 pm

        Yo también considero necesaria la lectura, pero también el mismo mercado ha hecho un poco de daño a la Literatura (son cosas muy diferentes los libros y la literatura, los libros pueden ser bestsellers o de autoayuda, pero eso no es literatura).
        También siento que en un país como el nuestro, con una mala economía y con tan bajo índice de lectura, son preferibles las revistas y los suplementos culturales de los periódicos.

  2. febrero 5, 2013 3:42 pm

    Gran literatura habrá siempre. Por el simple hecho de que escribir es, para algunos, una necesidad y no un medio. El problema está en localizar y distribuir esta Gran literatura. Deleuze dijo algo así como “no hay muerte del arte, sólo hay asesinatos”. Un ejemplo es la URSS de Stalin que trató de asesinar su propia e impresionante literatura del XIX. Hoy en día ocurre algo más encubierto pero que supone un claro empobrecimiento de la literatura: el régimen de la eficiencia o en otras palabras el régimen del lucro.
    A todo esto, le veo dos posibles soluciones, aunque inciertas. Una crisis de valores de nuestra cínica sociedad actual o bien las nuevas tecnologías que cambiarán los sistemas de distribución.

    • febrero 5, 2013 9:12 pm

      Sí, el problema es que están fallando casi todos los eslabones de la cadena que puede conducir a la buena literatura: la industrialización (palabra horrible, pero que se corresponde con su igualmente horrible significado) de las editoriales, la muerte de la crítica, el predominio de la cantidad sobre la calidad. Los lectores están tan desorientados como los escritores.
      Es cierto que las tecnologías pueden cambiar la forma de la distribución, pero aun así la clave radica donde siempre: en los contenidos. Basta con unos pocos lectores, pero atentos y bien equipados.

  3. febrero 5, 2013 4:25 pm

    Permiso, Jaime; nuevamente comparto en FB. Muchas gracias, muy buen martes.
    r

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