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En busca del crimen perfecto

enero 29, 2013

El crimen perfecto (o casi perfecto), así como la duda acerca de su autoría, han sido tratados en innumerables ocasiones por la novela policíaca y negra y el cine del género. Alentados por la imaginación, los escritores y guionistas han hurgado en este fenómeno, procurando ahuyentar la inverosimilitud a la que se presta. Mientras escribían sus historias, se planteaban la pregunta del millón: ¿es posible el crimen perfecto, o sea, el crimen que no deja huellas y que tiene que ser archivado por los investigadores ante la falta de pruebas?

Habría que empezar señalando que, desde el punto de vista de la realidad, ignoramos las entrañas del crimen perfecto, del que sólo podemos conocer su consecuencia: la víctima que lo sufrió y que probablemente fue la única que vio la cara del asesino. Esta ignorancia insuperable es la que ha atizado la imaginación de los escritores y guionistas al mostrar a los espectadores el crimen perfecto –y al criminal- por dentro, a pesar del Código Hays que en Estados Unidos prohibía cualquier atisbo de apología del crimen a través del cine y más todavía que se dieran ideas a asesinos potenciales.

Cartel que anunciaba en España el estreno de la película de Hitchcok

Cartel que anunciaba en España el estreno de la película de Hitchcock

Al referirnos al crimen perfecto tendremos que tomarlo con una ironía británica, una mezcla de Alfred Hitchcock, quien en 1954 estrenó  Dial M for Murder, titulada en España Crimen perfecto, y Agatha Christie, dos autores que lo convirtieron en todo un género, aupándolo a las más altas cimas de la sofisticación.

El criminal que planea concienzudamente su delito comienza por la eliminación de las pruebas que podrían delatarlo antes y después de cometerlo. Es el juego del gato y el ratón o como una partida de ajedrez entre dos jugadores experimentados que se las saben todas. Al igual que las perfecciones, el “crimen perfecto” limita con una frontera infranqueable, que escapa incluso al control de la inteligencia más despierta. Me refiero, naturalmente, al azar que, por regla general, suele ser un aguafiestas y un bromista de mucho cuidado para los criminales con mente de ajedrecistas.

Recordemos el final de la película de Kubrick Atraco perfecto, un título sucedáneo del original (The Killing), pero irónico como su desenlace, en el que la perfección minuciosamente calculada termina en un enorme fiasco en el momento de traspasar la frontera de la realidad. A los conflictos de intereses surgidos en la banda de ladrones, hay que sumar el pequeño apocalipsis que se desata en la pista de aterrizaje del aeropuerto, cuando la maleta repleta de billetes robados cae al suelo y se abre inesperadamente por culpa de la inoportuna rabieta de un caniche,  y una nube de dólares sale volando hacia el cielo, tragada por el agujero negro del Azar, para espanto de Johnny, el cabecilla del atraco, y de su chica.

Escena del aeropuierto, ne la que se ve a la dama con el caniche que hará que la maleta repleta de billetes con el dinero robado en el hipódromo se esfume en el aire

Escena del aeropuerto de “Atraco perfecto”, en la que se ve a la dama con el caniche por culpa del cual los miles de dólares que portaban los ladrones en una maleta acabarán dispersándose por el aire.

La imperfección del robo perfecto comienza desde el preciso momento en que éste salta de la mesa de operaciones a la realidad. Aunque los delincuentes lograron su objetivo –apropiarse del dinero de la caja fuerte del hipódromo que asaltaron-, las consecuencias inesperadas que surgieron a partir del éxito de su empresa terminaron frustrándolo por completo.

Más delirante todavía es el caso del polaco Krystian Bala, licenciado en Filosofía, quien en 2007 se acusó de narrar en su primera novela, Amok, publicada en 2003, el asesinato de Dariusz J., dueño de una pequeña agencia de publicidad. El cuerpo de la víctima fue descubierto por unos pescadores en diciembre del año 2000, en el río Oder, cerca de Wroclaw, con marcas de torturas y las manos atadas con una cuerda. La policía no encontró pistas y archivó el caso. Se había cometido el crimen perfecto.

Krystian Bala

Krystian Bala

Hasta que en 2005 unas llamadas anónimas instaron a los agentes a que leyesen la novela. Pronto los investigadores descubrieron que en ésta aparecían datos que sólo podía conocer el autor del crimen, por lo que Bala fue acusado de haber asesinado a  Dariusz J. El novelista bisoño alegó en su defensa que para el argumento de su historia se había inspirado en las crónicas de los periódicos.  Finalmente, fue condenado a veinticinco años de cárcel por asesinato motivado por los celos.

Bala quiso escribir un crimen de novela y le salió la novela de su crimen. El oportunismo temerario que le indujo a plasmar por escrito el relato de un asesinato perfecto lo convirtió en un asesino imperfecto y en un hipotético carroñero de su propio delito, inmune al arrepentimiento. El afán por el perfeccionismo suele hacer buenas migas con la irracionalidad. Detrás de un perfeccionista implacable se esconde una mente enloquecida.

Por cierto, Amok, el título de su novela, es una palabra que entre los malayos significa ataque de locura homicida. Stefan Zweig publicó en 1922 una novela del mismo título en la que narra las peripecias que llevan a un médico a suicidarse tras las relaciones tormentosas que mantuvo con una mujer británica durante su estancia en Malasia.

Portada de la novela de Krystian Bala que habría de delatarlo

Portada de la novela de Krystian Bala que habría de delatarlo

Como ya nos enseñó Cervantes en el Quijote, la realidad resulta infinitamente más compleja que la imaginación, por mucho que ésta intente preverlo todo. Si bien podemos controlar hasta en sus detalles ínfimos el mundo paralelo al real que construimos con nuestra imaginación, la realidad escapa por completo a nuestro control. De ahí el sentido de la conocida máxima según la cual la realidad supera a cualquier ficción. Es lógico que la supere no sólo por la vastedad de sus dimensiones, por su diversidad, sino por la existencia de la incertidumbre y del azar que la hacen imprevisible, algo que cualquier asesino calculador debería tener en cuenta…por la cuenta que le tiene.

Volviendo al crimen perfecto, la dificultad con la que se han encontrado los asesinos que planearon su crimen hasta el último detalle –y que una vez descubierto por los investigadores se revelará el “penúltimo”- deriva del hecho de que los seres humanos somos un eslabón de una larga cadena de dependencias. En las relaciones que, voluntaria o involuntariamente, labramos  en el trascurso de nuestra vida social, vamos dejando retazos de nosotros mismos sólo aparentemente imperceptibles para los otros. Hasta el individuo más solitario y desarraigado del medio social en el que, quiéralo o no, se halla inserto, no pasa completamente desapercibido. Alguien habrá reparado en su presencia, aunque, cegado por su aislamiento, no se percate de ello.

No sólo las personas; también un animal puede deshacer un crimen con visos de perfección. En su Cofrecillo de joyas del amigo renano de la casa, Johan Peter Hebel narra la historia de un crimen atroz: el de un carnicero asesinado por un campesino y su esposa con el propósito de robarle el dinero que asomaba en su bolsillo. El crimen se produjo en el establo del campesino, al que el carnicero acudió tras separarse poco antes de un compañero suyo que siguió su camino. El matrimonio sepultó el cadáver de la víctima bajo la paja del establo.

Portada de una edición alemana de "Cofrecillo de joyas del amigo renano de la casa"

Portada de una edición alemana de “Cofrecillo de joyas del amigo renano de la casa”

Pero el hijo de ambos que casualmente los siguió, fue testigo del asesinato. Entonces la mujer, su madre, decidió matarlo también al instante. Con el pretexto de lavarle la cara, le hundió la cabeza en un barreño lleno de lejía hirviendo hasta causarle la muerte. Luego, a fin de deshacerse del cadáver, lo introdujo en el horno.

El azar quiso que el perro del carnicero asesinado volviese en busca de su amo, después de haberse separado un trecho de éste. El animal husmeó ante la puerta del establo y rascó la puerta de la casa de los campesinos, notando que allí había ocurrido algo grave. Volvió al pueblo en busca del compañero de su amo. El perro no dejaba de gemir y aullar, tirando incluso de la chaqueta del hombre, quien enseguida se cercioró de que había un problema. Así que acompañó al chucho a la casa de los campesinos, donde descubrió el crimen. Los asesinos fueron juzgados y sentenciados a muerte. Como en la película de Kubrick, también en este relato un perro delató a los criminales.

Göring, Himmler y Hitler

Göring, Himmler y Hitler

La banda de asesinos que gobernó Alemania entre 1933 y 1945 planificó sus crímenes con el mayor sigilo, aprovechando los enormes recursos de que disponían para perpetrarlos. Buscaban el crimen perfecto. Comenzaron por el programa de eutanasia de deficientes mentales, la denominada eufemísticamente Aktion T4, ordenada en secreto por Hitler, y que empezó a aplicarse el 1 de septiembre de 1939, el mismo día en que Alemania declaró la guerra a Polonia. El propósito era aprovechar la nocturnidad del conflicto que los jerarcas nazis consideraban ganado de antemano para continuar con sus planes criminales en los campos de exterminio abarrotados de prisioneros y en las “redadas” que acometían los escuadrones de la muerte (Einsatzgruppen) en la misma Polonia y en la Unión Soviética.

Una foto borrosa en la que se puede apreciar a agentes de un Einsatzgruppen obligando a cavar la fosa de los prisioneros a los que poco después asesinarían a tiros

Una foto borrosa en la que se puede apreciar a agentes de un Einsatzgruppen obligando a cavar la fosa de los prisioneros a los que poco después asesinarían a tiros

Escapando de incómodos testigos, estos “grupos de operaciones especiales” trasladaban a las víctimas a zonas boscosas o retiradas, lejos de los pueblos y aldeas, para asesinarlas. Previamente, sus verdugos se habían preocupado de cavar la fosa para enterrarlas, aunque a menudo las obligaban a cavarlas antes de pegarles un tiro en la cabeza. Sin embargo, aquel sigilo no les sirvió de nada y pocos años después el mundo, que miró hacia otro lado cuando la Alemania nazi perseguía a los judíos,  se enteraba con horror de las masacres.

Ni los hornos crematorios ni los enterramientos masivos en fosas gigantescas lograron difuminar las matanzas. No hubo crimen ni robo perfecto (porque la intención era también robar). El estúpido intento de Himmler, expresado en su discurso en el castillo de Posen, por justificar la matanza de niños ante el temor de una venganza futura era de la misma naturaleza que el de la infanticida del relato de Hebel. Quien cría venganza matando, cree que sus crímenes serán vengados también con sangre.

Los dirigentes nazis creyeron haber cometido el crimen perfecto porque pensaban que, una vez ganada la guerra,  serían dueños del porvenir del mundo y de la Historia, por lo que al escribirla no sólo omitirían los atroces crímenes que habían cometido  sino que los elevarían al rango de hazañas y nadie se acordaría de los muertos.

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13 comentarios leave one →
  1. enero 29, 2013 10:19 am

    En la vida real el crimen perfecto es posible. Lo que ocurre es que nunca sabremos nada de él porque, si no, ya no sería perfecto. Pero éste es un problema técnico, policial. El verdadero problema humano, ético, es si existe el crimen perfecto moral, es decir, el que no solo no deja huellas en la conciencia del ejecutor, sino que le permite disfrutar de una vida alegre y confiada. Esta es la cuestión terrible que, tengo la impresión, apenas se ha tratado en el arte. Solo recuerdo “Le bonheur dans le crime”, relato de Barbey d’Aurevilly y “Delitos y faltas”, película de Woody Allen.

    • enero 29, 2013 8:48 pm

      La cuestión que planteas creo que atormentó a Dostoiewski (recuerdo ahora al diabólico príncipe de “Humillados y ofendidos”). Camus también indagó en el asunto. Ron Rosenbaum comenta el “caso Hitler” como un arquetipo de asesino que se regodea en el mal y se complace en “roer el hueso”. Refiere el comentario de una de sus secretarias, Christa Schroeder. A la mañana siguiente de la Noche los cuchillos largos se presentó en el despacho risueño y le dijo que acababa de darse un baño y se sentía “limpio como un recién nacido”. “El modo como bromea con Goebbels sobre el sufrimiento de sus víctimas durante toda la guerra, esa conciencia alegre, la risa y la satisfacción” (pág, 248. “Explicar a Hitler”).

    • octubre 11, 2014 5:51 am

      Encontré tu comentario por casualidad. Totalmente de acuerdo contigo. Existe un vacío en el debate de arte y ética, espero que la discusión arroje revisiones y resultados. Escribo un artículo sobre el tema. Puedes comunicarte conmigo a fernandavictoriapaz@gmail.com

  2. Guido FInzi permalink
    enero 29, 2013 1:40 pm

    No se si existe el crimen perfecto pero, si quieres ser un asesino en serie y eludir a la policía, nada mejor que matar en distintas ciudades, con distintos métodos, y sin un plan preconcebido que asocie a las víctimas.

    Un saludo

    • octubre 11, 2014 5:53 am

      ¿Te parece? ¿Suceden esos crímenes? Me gustaría saber sobre la simultaneidad y lo remoto. ¿Cómo lo harán? Si tienes alguna idea porfavor escríbeme a fernandavictoriapaz@gmail.com. Escribo un artículo y me gustaría recoger a la brevedad la mayor cantidad de opiniones-testimonios posibles. Saludos, FP

  3. enero 29, 2013 8:49 pm

    Guido, no des ideas…

  4. febrero 1, 2013 12:16 am

    @antoniopriante ” el crimen perfecto moral” es uno de los temas capitales de Crimen y Castigo.

    @Jaime Una entrada muy sugerente. Jugando con la tradición policíaca, Jacques Roubaud declaró en La Belle Hortense que el detective era el más impune de los asesinos en serie. Decía que “el detective es como un criminal que mata a repetición: elimina los sospechosos uno tras otro” hasta dar con el bueno.

    Me permito enlazar con una pequeña entrada de Calle del Orco que hace hincapié en la divergencia entre las temporalidades víctima/asesino. Preciosa frase de Stevenson:
    http://calledelorco.com/2012/01/31/tiempos-divergentes-por-stevenson/

    1 abrazo.

    • febrero 1, 2013 7:51 pm

      Gracias, Kim. La cita de Stevenson es muy sugerente: cuando termina el tiempo para la víctima, comienza el del asesino, su demencial afán por conseguir el crimen perfecto…
      Un abrazo

  5. Eddy permalink
    febrero 4, 2013 8:34 pm

    Un crimen perfecto que se resuelve 30 años después por un sueño recurrente de un testigo? Aquí en El Proceso :http://www.amazon.com/El-Proceso-viajar%C3%A1-esclarecer-terrible/dp/1479256765/ref=sr_1_5?s=books&ie=UTF8&qid=1359995987&sr=1-5&keywords=eddy+leon+barreto

  6. Maia L.B. permalink
    agosto 14, 2013 3:11 pm

    Muchos asesinatos no son desvelados jamás. Otros, son desvelados pero jamás son juzgados, como el caso de Laszlo Csatary que cometió no uno sino más de 15000 crímenes y que, a pesar de que todos lo sabían, murió sin juicio ni condena hace apenas 3 días atrás. ¿No es ese un crímen perfecto?
    Muy bueno el artículo, me dejó pensando.
    Un saludo.

    • agosto 14, 2013 5:38 pm

      Gracias por el comentario. Laszlo Csatary murió sin ser juzgado por sus crímenes (otros de su misma calaña también murieron sin pisar una cárcel, fugados o escondidos en lugares remotos bajo un nombre falso). Pero, aunque la justicia humana fallase, sabíamos quién era, sobre todo sus víctimas.
      Creo que con tu observación quieres decir que a veces la justicia, si no cumple con su función, puede contribuir al crimen perfecto, desgraciadamente.
      Un saludo

      • Maia L.B. permalink
        agosto 14, 2013 5:47 pm

        Sí, Jaime, a eso me refería exactamente.

  7. octubre 14, 2014 11:17 pm

    Y qué decir de los condenados que han estado años en el llamado “Corredor de la Muerte” de las cárceles norteamericanas y se descubre que son inocentes, y la policía no encuentra a los verdaderos culpables de los crímenes por los que aquellos fueron juzgados?Serían crímenes perfectos.

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