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Libros invisibles

junio 13, 2012

En un artículo periodístico la escritora de origen checo, Monika Zgustová, daba cuenta de los testimonios de mujeres que sufrieron el gulag estalinista. En las entrevistas que sostuvo con ellas le transmitieron algo más que el horror de sus experiencias. En esos recintos inhumanos conocieron también la amistad y el intercambio semiclandestino de libros. Por ejemplo, Elena Vladímirovna Márkova le enseñó uno de Pushkin, impreso en 1905 y con ilustraciones, que “pasó por centenares, tal vez miles de manos”.

Retrato de Alexandr S. Pushkin , de Wassilj A. Tropinin (1827)

Tras reconocer que los libros “tienen sus vidas, sus historias y destinos, igual que los hombres”, la mujer le confesó que, gracias a los pocos que pudo tocar en el gulag, accedió a la universidad al salir de su encierro, con 37 años, para convertirse en una especialista mundial en cibernética. “Nadie se puede imaginar lo que para los presos significaba un libro: ¡era la salvación! ¡Era la belleza, la libertad y la civilización en medio de la barbarie!”, concluía la antigua reclusa.

El poeta y ensayista ruso-estadounidense Joseph Brodsky recordó que los libros se convirtieron en la primera y única realidad en la Unión Soviética, “en tanto la realidad era vista como una necedad o como un fastidio”. “La preferencia instintiva era leer antes que actuar”. Añadía Brodsky que

“para esas personas la civilización era algo más que el pan de cada día y un abrazo por la noche”.

Nadiezhda Mandelstam, viuda del poeta Ósip Mandelstam, muerto en un campo de trabajo soviético en 1938, evocó en sus memorias  Contra toda esperanza, que Ósip mantenía una relación personal con sus libros, pero no le costaba separarse de ellos. Siempre decía que “debe tener el libro aquel que lo necesita”.

Osip Mandelstam fotografiado en 1934, tras su detención por escribir un poema crítico con Stalin

En el artículo necrológico que Brodsky dedicó en 1980 a Nadiezhda,  comentó que  los libros rara vez permanecían mucho tiempo en manos de ésta:

“Después de leídos u hojeados, pasaban siempre enseguida a manos de otra persona…,tal como debería hacerse siempre con los libros”.

Con la expansión del ebook, el libro electrónico, anécdotas como las vividas por estos escritores pertenecen ya a la historia de la era Gutenberg. Se supone que a partir de ahora el nuevo dispositivo generará otras distintas. De momento han surgido las inevitables (y odiosas) comparaciones con su viejo hermano, el libro de papel.

Los defensores del ebook alegan que con éste se salvarán muchos bosques, no sólo por el ahorro de papel sino también de madera para las estanterías. Además no ocupa espacio, no se deteriora, no amarillea ni coge polvo. Tampoco se deja ver, al contrario que los libros convencionales, con sus llamativas portadas. Es mucho más barato, un aspecto que parece importar a esos lectores para quienes un libro es un producto de consumo, que se agota en una primera y última lectura.

Hasta algunas universidades han descubierto una forma de ahorro, sustituyendo los libros convencionales por sus versiones digitalizadas. De este modo los estudiantes ya no tocarán ninguno con sus manos ni pasarán sus páginas con las puntas de los dedos.

Tendremos que imaginar casas sin un solo libro, como las que aparecen en los telefilmes americanos y en las series de televisión, por lo que cuando visitemos a algún amigo, no podremos ojear su biblioteca. En los viajes en tren o en Metro se nos privará de la curiosidad por averiguar el título del libro que leen los viajeros, aunque me temo que con los kindle seguirán dominando los monocultivos novelísticos: códigos, catedrales, sábanas santas y otras costuras.

Es cierto que las bibliotecas domésticas se llenan de polvo y ocupan espacio, pero son un territorio que comparten los miembros de la familia y a la que cada cual hace su aportación. Siempre será alentador ver a un lector sentado en una butaca, rodeado de libros. Puede que acompañe su lectura con un lápiz en la mano, para subrayar una frase o anotar algo en el margen. Para el lector atento ninguna página es igual que otra; todas son distintas; él mismo las distingue con su lápiz.

“La lectora”, de Henri Fantin-Latour

Ahora veremos a ese lector sentado en la butaca con la pantalla del ebook en la mano, casi inmóvil, puesto que ni siquiera tendrá que pasar las páginas con las puntas de los dedos. A su alrededor no habrá libro alguno: todos estarán almacenados en el dispositivo electrónico. Esperemos que, parafraseando el conocido aserto de Heine -que allí donde se queman libros, también se termina por quemar hombres- los libros invisibles no produzcan hombres invisibles…

No sabemos qué experiencias novedosas nos deparará el ebook. Pero sí las tenemos, y en abundancia, de los libros de papel, que se dejan toquetear y husmear en las librerías -¿otra especie en extinción?- y ocasionalmente circulan de mano en mano, como en los gulag soviéticos, donde salvaron a muchas mujeres, como Elena Vladímirovna Márkova, del aislamiento y la ignorancia.

En una entrevista que publicada en La Vanguardia el 19 de enero de 1993, tres años antes de su muerte -padecía una grave dolencia cardíaca-, Brodsky expresó la desconfianza que le suscitaba la cultura de las pantallas; y eso que faltaban veinte años para que se generalizase el uso de los artilugios digitales.  Estas fueron sus palabras:

Joseph Brodsky

 “Creo que la cultura de la palabra está siendo sustituida progresivamente por la cultura de la imagen. Estamos entrando en una nueva versión de la Edad de Piedra, cuando los hombres mirábamos imágenes en las paredes. Ahora las imágenes se mueven y supongo que tendremos que inventar un nuevo alfabeto con signos que reproduzcan esa idea de movimiento. Bien, me alegra saber que no estaré cuando ello suceda”.

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8 comentarios leave one →
  1. junio 13, 2012 10:07 am

    ¡Preciosa y sugerente entrada, Jaime! La era Gutenberg está muriendo, a mí ya no me queda ninguna duda. Pero es bueno que al menos quede alguien que la acompañe en sus últimos estertores, como haríamos con un buen amigo que se nos va.

    • junio 13, 2012 10:23 am

      ¡Muchas gracias, Rosa! Al menos seamos agradecidos con el moribundo y recordemos con él los buenos tiempos que pasamos en su compañía. Por lo demás, tengo la impresión de que mis “muertos” de papel (Quevedo) van a continuar bien vivos por muchos años y cada vez que los abra por una página cualquiera, seguro que me traerán algún recuerdo de nuestras primeras e inolvidables citas.

  2. Clea permalink
    junio 13, 2012 10:53 pm

    «No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro», dijo Federico García Lorca cuando inauguró la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre de 1931.
    El discurso completo puede leerse aquí:
    http://www.atahualpayupanqui.org.ar/lorca.html

    • junio 14, 2012 10:24 am

      Gracias de nuevo por tu valiosa referencia. El valiente discurso de Lorca impresiona si se tiene en cuenta el momento histórico.
      ” Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social”.

      • Clea permalink
        junio 14, 2012 10:53 am

        Y no hay que olvidar el altísimo índice de analfabetismo en la España de 1931, sobre todo entre la población rural. Las Misiones Pedagógicas que impulsó la Institución Libre de Enseñanza, fundadas en 1931, desaparecieron en 1936, al empezar la guerra.

  3. Alejandro permalink
    junio 13, 2012 10:56 pm

    Jaime enhorabuena por tu entrada y por lo contenidos que nos vas regalando en esta época en que la cultura está menos valorada en general y en los libros en particular, que en otros medios más sospechosos.

  4. agosto 2, 2015 10:58 am

    … bueno, siento contradecir a Brosdski, pero a mí me parece un milagro haber conocido y salido de la Edad Media de donde y cuando naci, y encontrarme en medio de otro mundo por completo diferente y apasionante; creo que, en todo caso, es una “suerte”, una ocasión portentosa; Saludos.

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