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Voluptuosidad de la decadencia

mayo 10, 2012

“Voluptuosidad de la decadencia” (“Wollust des Untergangs”) es el título de la exposición que, con motivo del centenario de La muerte en Venecia (Der Tod in Venedig), de Thomas Mann, permanecerá abierta hasta el día 28 de mayo en la ciudad natal del escritor, Lübeck, en el museo Buddenbrookhaus: (http://buddenbrookhaus.de/de/46/asid:51/ausstellung.html).

Cien años después, la novela de Mann se nos antoja tan de época que, pese al sorprendente éxito de la adaptación cinematográfica que hizo Luchino Visconti en 1971 con el título de Muerte en Venecia , el conflicto estético y social que se plantea en ella debe calibrarse dentro del marco histórico en que transcurre la historia protagonizada por el escritor Gustav von Aschenbach, un solitario cincuentón, ennoblecido por un príncipe alemán tras publicar un estudio sobre Federico el Grande.

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Aun así hay que aclarar que, aparte de las sustanciales diferencias entre el guión y la obra de Thomas Mann,  Muerte en Venecia no es La muerte en Venecia, por más que algunos se empeñen en titular la novela como la película. En ésta la muerte es un suceso que le ocurre a Aschenbach, mientras que en la novela es un espectro que se le aparece en la puerta del cementerio de Múnich, cuando esperaba el tranvía, personificado en un individuo de rasgos duros que, ataviado con un atuendo de viajero, lo mira fijamente. Desde ese momento la Muerte -con mayúsculas, puesto que estamos ante un personaje- no se separará de él, induciéndole incluso a preparar el viaje a Venecia, donde, bajo la máscara de una seductora tentación terrenal, finalmente lo matará.

No obstante, el argumento de la novela sigue resultando atractivo. Un día Aschenbach decide viajar desde Múnich a Venecia para despejarse, hechizado por una irracional fuerza interior, y en busca de una aventura excitante que lo desligue del prestigioso estatus de que goza entre el público burgués y lo reconcilie al fin con su nunca olvidada, aunque secretamente traicionada, vocación de artista romántico. La aventura se materializará en la inclinación por el hermoso efebo Tadzio, hijo de una adinerada familia polaca que se aloja en su mismo hotel del Lido, y en el deseo de rejuvenecer, como si quisiera recuperar el tiempo perdido.

Gustav von Aschenbach en la película "Muerte en Venecia", interpretado por Dirk Bogarde

Gustav von Aschenbach en la película “Muerte en Venecia”, interpretado por Dirk Bogarde

 Ante su impotencia para encajar esa pasión prohibida en la pacata moral de la sociedad burguesa, Aschenbach se abandona a la muerte, aprovechando la epidemia de cólera que asuela la decadente Venecia, ciudad que, siguiendo una tradición no escrita, algunos artistas, como Wagner, elegían para morir. Su situación refleja la tribulación del artista mimado por la burguesía que, sin embargo, se siente incomprendido por ella en su fuero interno y ajeno a sus valores y doblez moral. Consciente de su vulnerabilidad, teme el repudio social en cuanto infrinja una sola de las normas establecidas.

 ¿Qué hay de decadentismo voluptuoso en la forma en que Aschenbach resuelve su conflicto? En que se arroje en los brazos de una muerte plácida –el narrador informa que, pese a los efectos letales del cólera, se libró del dolor físico-, después de saldar la deuda que creía haber contraído con la vida, de cuyos placeres se abstuvo durante su disciplinada carrera literaria en aras de una obra escrita a la medida del público burgués y de su moral.

Tadzio y Gustav von Aschenbach

Tadzio y Gustav von Aschenbach

A Aschenbach sólo le importa hacer las paces consigo mismo. La experiencia de sensualidad pervertida  a la que se abandonó mientras seducía a Tadzio por las callejuelas de Venecia jamás saldrá del reducto de su conciencia, llevándosela consigo a la tumba, a sabiendas de que preservará su prestigio ante el mundo burgués, que achacará su muerte a una fatalidad.  Sólo el lector de la novela conoce el secreto, en tanto que destinatario de la crónica de ese extravío emocional contada detalladamente por el narrador.  Es como si, a falta de una obra literaria en la que expresar su tardía ruptura con la moral burguesa y dar rienda suelta a su ideal romántico,  Aschenbach hubiese tratado de escribirla en su propia piel, entregándose más en alma que en cuerpo a una pasión prohibida. En su tentativa de fusionar la vida con la literatura, se ciñó a la estética romántica profesada por los autores decadentes, para la cual la vida del artista debe ser tan apasionada y genial como su obra y ésta guardar una coherencia estricta con aquella.

Esta breve escena de Death in Venice, la versión operística de la novela que hizo Benjamin Britten en 1973, ilustra el conflicto interior de Aschenbach:

 

 

Su destino habría sido distinto si se hubiera sublevado abiertamente contra la sociedad burguesa, a cambio de perder su prestigio y honorabilidad, siguiendo el ejemplo de otros autores también decadentistas; por ejemplo, Verlaine y Rimbaud a su manera, u Oscar Wilde, quien sufrió el escarnio que Aschenbach esquivó con su muerte falsamente accidental. Pero éste, como el propio Thomas Mann, era un gran mistificador que prefería solazarse en su microcosmos imaginario, forjando incluso una suerte de moral ad hoc con la que eludir el sentimiento de culpa que lo atormentaba.

Esto explica que sacrificase su vida sin probar sus apetitosos frutos, en olor de castidad, al igual que su admirado San Sebastián, satisfecho con la mera contemplación del cuerpo apolíneo de Tadzio y renegando de su obra literaria. Un desenlace quijotesco donde los haya, pero que entronca con la trayectoria de los intelectuales alemanes de resarcirse de su aislamiento social e impotencia política cultivando una profusa interioridad en la que la estética desempeñaba un papel central.

También la pérdida de sentido de la realidad que empuja a Aschenbach a la autodestrucción mientras contempla la belleza de Tadzio, recuerda a la falta de realismo a la que sucumbió el nacionalismo germánico en 1914, provocando una guerra de atroces consecuencias.

Escena en la que Aschenbach agoniza bajo los efectos del cólera en la playa del Lido

Escena en la que Aschenbach agoniza bajo los efectos del cólera en la playa del Lido

 Aunque la desaparición de la moral burguesa haya convertido en historia el conflicto  abierto o larvado que el artista sostenía con el público burgués, ello no implica en absoluto la desaparición de la conflictividad que el artista de cualquier época mantendrá con su potencial público. Más aún, quizá esa constituya una condición necesaria para que una obra de arte se precie de serlo.

Si algún lector está interesado en ahondar más en la novela, puede acceder a las páginas de mi ensayo La ciudad de los extravíos. Visiones venecianas de Shakespeare y Thomas Mann (Fórcola,2010), a través de la siguiente dirección electrónica:

http://forcolaediciones.com/assets/ciudad-extravios-prologo.pdf

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3 comentarios leave one →
  1. monica permalink
    mayo 14, 2012 11:58 pm

    El artículo invita desde luego a la lectura, el video genial

  2. Guido Finzi permalink
    marzo 25, 2013 11:28 pm

    Cuando pienso en decadencia, no puedo evitar acordarme de muchos de los personajes de Alberto Moravia (né Pincherle): burgueses cultos, educados, pero decadentes y atraídos por la perversión, la degeneración, el lado oscuro y profundo de sus personalidades, la experimentación de los sentidos, los desafíos a la inteligencia, etc.

    Los Mann supieron llevar la decadencia de la literatura a su vida ¿o fue al revés?.

    Nuevamente, tengo que felicitarte por el texto. Brillante.

    Un saludo

  3. marzo 26, 2013 12:00 am

    La decadencia fue un fenómeno con el que los artistas (y no sólo los artistas, como tú aprecias en algunos de los personajes de las novelas y relatos de Moravia) trataron de desafiar a la sociedad burguesa y su jaula de hierro -la metáfora es de Max Weber. Por eso hoy la decadencia nos parece algo propio de otra época y de una sociedad muy distintas de la nuestra. ¿Cómo desafiar a la sociedad de masas y de consumo -líquida, habría añadido Z. Bauman-, que lo absorbe y devora todo, para reciclarlo de inmediato?
    Thomas Mann proyectó en Aschenbach la ambigüedad y las contradicciones que lo atormentaban y su peligrosa atracción por el abismo y la muerte, al estilo de D`Annunzio. Años más tarde se mostró crítico con esta novela en la que incluso creyó atisbar brotes propios del universo fascista. Por aquellos años Mann estaba imbuido de imperialismo pangermanista y de wagnerismo, con su idea de la superioridad germánica y su función misionera-redentora, tal como se desprende de su ensayo “Consideraciones de un apolítico”.

    Gracias por tu comentarios, que siempre dan que pensar.
    Un saludo

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