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Matar al diferente

abril 26, 2012

Para celebrar el cincuentenario de la película Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan, basada en la novela que la escritora norteamericana  Harper Lee publicó en 1961, el pasado 5 de abril un grupo de estudiantes de Washington compartió con el presidente Obama la proyección privada de la película en el teatro de la Casa Blanca. Obama estuvo acompañado por la actriz Mary Badham Wilt, que en la película interpreta el papel de Scout, la hija del abogado Atticus Finch (Gregory Peck), y por Veronique Peck, la viuda de Peck.

La historia se basa en los recuerdos infantiles evocados por la joven Scout Finch de unos sucesos ocurridos en 1935, en Maycomb, un pueblo ficticio de Alabama, donde vivía con su padre, el abogado Atticus Finch, y su hermano Jem.

En este fotograma de "Matar a un ruiseñor" aparece el abogado Atticus Finch junto a su defendido, Tom Robinson, en una de las sesiones del juicio

En este fotograma de “Matar a un ruiseñor” aparece el abogado Atticus Finch junto a su defendido, Tom Robinson, en una de las sesiones del juicio

La novela bascula entre dos motivos que nos incumben a todos: la convicción que nace de la conciencia individual, frente al prejuicio de una mayoría sin conciencia, y la aceptación del Otro, frente al rechazo a la diferencia ajena, al amparo de la turbia alianza del “yo” con “nosotros”.

En Maycomb ser diferente sale caro. El racismo de los blancos contra la minoría negra mantiene a los miembros de ésta bajo sospecha. Por ello cuando el alcohólico, violento y racista Bob Ewell, también viudo como Atticus, acusa al joven negro Tom Robinson de haber violado a su desquiciada hija Mayella, sólo Atticus se atreve a defenderlo, una decisión que le costará algunos disgustos.

Para el abogado la regla básica de la cortesía consiste en hablar a las personas de lo que les interesa, no de lo que pueda interesarnos a nosotros. En cuanto a la relación con uno mismo, piensa que la única cosa que no se rige por el criterio de la mayoría es la conciencia. Si se quiere vivir con otros, cada cual tiene que vivir consigo mismo. Así que al defender a Robinson, reconoce que si se negase no podría pedir a sus hijos que lo obedeciesen. Pero, pese a su soledad, sigue adelante. “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está  perdida, lucha hasta el final”. Atticus perdió la batalla: Robinson fue condenado por un jurado compuesto por blancos. Para colmo, murió acribillado por los guardias cuando trataba de escapar.

Boo Radley

Boo Radley

Insatisfecho con su victoria judicial, el padre de Mayella atentó una noche oscura contra los hijos de Atticus, salvados gracias a la intervención casual del “otro” marginado de Maycomb, el blanco Boo Radley, quien frenó el golpe mortal del agresor, ocasionándole la muerte. Boo es un tipo diferente, fuera de lo común, con fama de huraño; enclaustrado en la casa familiar -algo explicable en un pueblo donde estaba mal visto pasear solo-, recuerda al ruiseñor, que canta pero no daña los campos. Vecino de Atticus, los hijos de éste y su amigo Dill siempre sintieron curiosidad y temor hacia él. El hombre reaccionaba a sus provocaciones dejándoles golosinas y sugerentes obsequios en el hueco de un árbol colindante. Un día hallaron dos figuras de jabón, talladas por Boo, en las que los dos hermanos se reconocieron. A partir de entonces no volvieron a meterse con él.

Un día Jem y su hermana Scout Finch hallaron dos figuras de jabón en el hueco de un árbol

Al igual que los niños sintieron una curiosidad infantil por Boo, quien les correspondió regalándoles en secreto cosas maravillosas, como un viejo reloj de bolsillo, Tom Robinson fue objeto de una malsana atracción por Mayella Ewell, hasta el punto de acosarlo sexualmente. Ante la negativa del joven a seguirle el juego, ella se vengó acusándolo de haberla violado, a sabiendas de que nadie creería en la inocencia de un negro.

Mayella y los hermanos Finch afrontaron de forma opuesta el desasosiego que les causaba el diferente: según el ejemplo, también  opuesto, que recibieron de sus respectivos padres; los dos blancos, por cierto. Ya se sabe, la educación no tiene color.

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2 comentarios leave one →
  1. Guido FInzi permalink
    diciembre 27, 2012 11:38 am

    A los mediocres siempre les dan miedo los diferentes, por eso los totalitarismos igualan a todos, en una uniformidad alienante y sumisa

    • Camilo Vázquez permalink
      marzo 2, 2017 3:36 am

      Las sociedades diferentes antes eran llamadas infieles, paganas, bárbaras o salvajes. Hoy son llamadas totalitarias. Y en nuestro mundo la moraleja en cualquier historia es que los totalitarismos son el mal. Es decir: los otros son el mal.
      Todos lo repetimos y nos sentimos orgullosos y aliviados de no pertenecer a una de esas horribles sociedades totalitarias.

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